La verdadera Revolución

En esta época de convulsión social que se vive en el Ecuador, todos hablan de revolución en el sentido de que se debe buscar un cambio radical a esta confusa situación en que se desenvuelve nuestro pueblo, carente de garantías en el campo de la seguridad, de la salud, de la tranquilidad, del esfuerzo propio para emprender en un negocio, y esto da lugar a que surjan personajes que aspiran liderar un movimiento que les permita obtener el triunfo en las contiendas electorales para poder gobernar a la sociedad, pues desde los tiempos más remotos el hombre se ha caracterizado por estudiar la historia con el propósito de conocer el pasado y enterarse de cómo ha llegado a ser lo que es hoy para luego proyectarse al futuro en base a que la humanidad ha estado sometida a una continua evolución que a veces se ha precipitado de manera vertiginosa provocando cambios profundos en lo político, en lo económico, en lo social y hasta en lo cultural, dando lugar a verdaderas transformaciones sociales radicalmente distintas a las precedentes, lo que en términos apropiados conocemos como revolución.
Este fenómeno social tiene su origen fundamentalmente cuando en una determinada época se llega a una situación de ruptura con el tiempo pasado en vista de que la comunidad ha ido cambiando en sus clases sociales, en su estructura económica y en su ideología, produciendo lentamente con el correr de los años el anhelado cambio, mientras que el Estado con su estructura política y la clase social dominante suelen permanecer inalterables dando lugar a que el grupo que ostenta el poder sea visto como un obstáculo para el desenvolvimiento normal de la comunidad, dando lugar a que la parte más activa de esta comunidad se lance a la conquista del Estado rompiendo la legalidad vigente para apoderarse de la situación y establecer un sistema político con leyes y normas distintas a las anteriores.
En el Mundo Moderno se pueden distinguir varias revoluciones como la intelectual y científica, la revolución técnica o industrial, la educativa y hasta la democrática, y en cualquiera de éstos pronunciamientos se producen necesariamente alternaciones políticas con el ánimo de buscar un cambio intelectual, cultural y educativo que hagan posible el establecimiento del Estado democrático con plenas facultades para el correcto bienestar de la sociedad a fin de que todos tengan la libertad de actuar de conformidad con sus anhelos y aspiraciones bajo el imperio de la Ley y el respeto a la Constitución.
Haciendo un poco de historia, en nuestro país, desde el inicio mismo de la República por el año de 1830, se ha venido hablando de revolución en el sentido de buscar un cambio en la manera de administrar el Estado por parte de los gobernantes, con el propósito, esto si, de que se consiga el mejor aprovechamiento de los ingentes recursos naturales en beneficio de las grandes mayorías populares, y aunque esto no ha sido posible lograr a plenitud hasta la presente, sin embargo hay que reconocer que se han producido cambios notables en ciertos movimientos como el acontecido el 6 de marzo de 1845, cuando por primera vez el pueblo ecuatoriano protagoniza una verdadera y auténtica Revolución, conocida como Marcista, que transformó la actividad política tan desprestigiada hasta ese momento como resultado del militarismo extranjero que imperó durante los 15 primeros años de vida republicana, bajo la presidencia del General venezolano Juan José Flores.
Los antecedentes de este hecho se iniciaron el 31 de marzo de 1843 con la aprobación de la Carta Constitucional, más conocida como de esclavitud porque respondió fielmente a la sagacidad y ambición del gobernante venezolano que pretendió mantenerse en el Poder por muchos años, provocando así la indignación popular que se venía sintiendo desde algún tiempo atrás, alentada en esta ocasión por el entonces diputado por la ciudad de Guayaquil, Don Vicente Rocafuerte, personaje destacado que levantó la voz en el Parlamento, manifestando “que como hombre de honor y como patriota me veo en la forzosa obligación de repetir en la Cámara lo que públicamente se dice en las tertullas callejeras de que esta nueva Constitución es el resultado de diestras y complicadas intrigas para reelegir a Flores con desdoro de la Nación y con perjuicio de las rentas públicas. Esto parece increíble, pero como estamos en tiempo de fenómenos lo mejor es prepararse a todo”.
Prudentemente Rocafuerte tuvo que retirarse a la ciudad de Lima desde donde continuó con su fogoso ataque contra el Gobierno despótico de Flores, secundado desde luego por el pueblo que pedía una inmediata reforma de la malhadada Carta de Esclavitud, iniciándose así la conspiración generalizada que culminó con la famosa Revolución Marcista con la que se puso término al floreanismo abusivo y corrupto que imperó gracias a la valerosa intervención de los guayaquileños. Una vez que el movimiento revolucionario consiguió controlar la actividad pública se procedió a formar una Junta Provisional de Gobierno integrada por José Joaquín de Olmedo, Vicente Ramón Roca y Diego Noboa, iniciándose así el civilismo, el nacionalismo y la alternabilidad en el gobierno ecuatoriano.
Posteriormente, el 5 de junio de 1895 es otra de las fechas de enorme transcendencia en la vida republicana del Ecuador por haberse culminado con éxito la larga y titánica campaña revolucionaria de concientización social emprendida por el General Eloy Alfaro, el viejo luchador que hizo posible el establecimiento del Liberalismo en un pueblo fanatizado por el dogma religioso, impuesto por el presidente García Moreno mediante la Constitución conocida como Carta Negra, la cual fue abolida mediante el Acta de Pronunciamiento que se suscribió en la ciudad de Guayaquil bajo los siguientes considerandos: 1. Desconocer la Constitución de 1883, 2- Nombrar Jefe Supremo dela República al General Eloy Alfaro, quien con patriotismo y abnegación sin límites fue el alma del movimiento popular que derrotó a la inicua oligarquía que durante años se impuso por la fuerza sumiendo al país en un abismo de desgracia y desventura; 3- Conceder amplias facultades al Jefe Supremo Don Eloy Alfaro para que emprenda en una inmediata reconstitución del país a fin de que se levante sobre bases sólidas la paz y libertad de los ecuatorianos para que florezcan las artes y las industrias, la agricultura y el comercio; 4- Solicitar la convocatoria a una Convención Nacional que restablezca el país, juzgue y castigue a los culpables de la traición a la Patria; y, 5- Reconocer la Autoridad interina del señor Ignacio Robles como Jefe Superior Civil y Militar de la provincia del Guayas, concediéndole toda la suma de facultades necesarias para el desempeño de su cargo.
Fue así como se llevó a cabo esta segunda Revolución auténtica y verdadera que produjo un cambio notable y definitivo en la actividad política de nuestro pueblo por el profundo contenido cívico que se demostró, a la espera de que sirvan de lecciones históricas.

Ángel Verdezoto Pazos





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