Bastidas:
Pinceladas de un maestro que entrega generosidad artística y social


Quito plasma sus memorias a través del arte, conservadas en museos a lo largo de la historia. El museo de Arte Colonial, emerge como Patrimonio Cultural de la Humanidad, guardando valiosas reliquias que marcan épocas del arte quiteño. Ubicado en el centro de la ciudad renace con una nueva infraestructura. Con su remodelación, ansía ofrecer al público una gama de reliquias históricas que proclaman la cultura y el arte.

El infante, el niño, el estudiante...
En junio de 1960, Otavalo vio nacer al artista ecuatoriano José Bastidas. Un pequeño de origen humilde, de escasos recursos, que aprendió a contar antes de entrar a la escuela, por los días en que no comía; de sentir, literalmente en sus pies, el paso por la tierra al andar descalzo, un infante que se crió sin su padre pero con los principios, la educación y el amor sublime de su madre. Un niño que ante las limitaciones económicas, supo ganarse la vida desde temprana edad con un cajón de lustrabotas para ingresar a un salón de clases, desde donde explotó al máximo la espléndida riqueza creativa que llevaba en su interior y que lo acompaña desde siempre.
Al pasar por la escuela de Práctica 10 de Agosto y descubrir su fascinación por el Dibujo y la Pintura, con unos cuantos lápices de colores, el maestro expandió su imaginario artístico, y obtuvo desde temprana edad valiosos reconocimientos. En el colegio de Artes Plásticas Daniel Reyes de la ciudad de Ibarra, gracias al apoyo y guía de profesores empezó a cimentar sus dotes y genio creativo con la ejecución perfecta de las técnicas y el manejo majestuoso del color. Así, con apenas 15 años, dos de sus obras fueron aceptadas en el Concurso Nacional de Pintura y Escultura del Salón Mariano Aguilera Malta, entre otros logros que conforman su avalado trajinar artístico. Como que la vida, a través de la pintura, le empezaba a devolver al joven, lo que le había sido esquivo desde niño.

El hombre, el profesor, el artista y su obra...
Antes de radicarse definitivamente en Quito, el maestro estudió en la Escuela de Educación Técnica de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central, en donde obtuvo el título de Licenciado en Dibujo y Maquetería. Viajar todos los días desde Otavalo a Quito incrementaba en el artista, amor por su gente, por la tierra, por su heredad. El ser profesor de escuelas, desde recónditos lugares en Otavalo, colmaba en él la sensibilidad a flor de piel que poseía y que exterioriza en sus pinturas.
Delicada y especial destreza, desde los conceptos básicos y la técnica, es lo que ha expuesto hasta el presente la obra de José Bastidas. Con la Acuarela explotó la fuerza del color y el Óleo manejado con sutil e inquieta maestría le abrió camino en la pintura. Pasaron por sus manos pinceles, técnicas mixtas, esmaltes, y demás herramientas para confluir esplendorosamente con el arte, desde un Realismo que supo trasgredir con maestría hasta el Surrealismo (técnica que ejecuta al momento) cargado de una nueva y particular significación.
Entre las numerosas series pictóricas con las que el maestro ha cautivado y conmovido la retina del espectador se destacan: “Memorias y Búsquedas”, “Miradas”, “Parejas”, creaciones pictóricas caracterizadas por la fuerte presencia del color y expresiones que denotan identidad nacional; compuestas por rasgos únicos y particulares de Latinoamérica y Ecuador, que exponen alegrías, penas, intimidades, ideales, sueños y personajes maravillosos transfigurados en su pintura.
En la actualidad, la pintura del artista, que es dibujada y desdibujada con su original estilo, se basa en las numerosas visiones del mundo, desde lo contemporáneo, desde su entorno, desde sus orígenes con un Surrealismo Impresionista que contiene mucha textura, cargado de componentes y elementos pictóricos que otorgan a la composición una tercera dimensión para que el espectador se adentre, converse y se refleje desde su más profundo sentir ante la obra

De mundo y de sublime sensibilidad hacia los menos protegidos...
Desde hace más de quince años, al mismo tiempo que el maestro se abría camino artístico por medio de sus obras, de las numerosas exposiciones individuales, colectivas nacionales e internacionales que ha desarrollado en el país y el mundo (México, Brasil, Colombia, Venezuela, Bélgica, Suiza, Egipto, Costa Rica, Argentina, Bolivia, Chile y recientemente Nueva York, en donde recibió un merecido reconocimiento) internacionalizando su arte y siendo un embajador del Ecuador, compartiendo experiencias y quimeras con los compatriotas, conociendo otras formas de pensar y de vivir, más se ha sensibilizado con los que menos tienen, con los menos protegidos, por los niños de la calle; porque se refleja en ellos, porque desea que sus pinturas sobrepasen el campo artístico para ser gestoras de grandes acciones, de fines benéficos, eso sí, sin ánimo alguno de figurar porque su labor no busca espectáculos y cocteles.
¿A quién se le ocurre en este tipo posmoderno, de inmediatismo absoluto y de materialismo extremo, subastar obras, entregar el dinero de la venta de sus pinturas para el resguardo de los niños de la calle, y todavía más, accionar constantemente en causas nobles? ¿A quién, que lleva una vida tan ajetreada, de cortos momentos de descanso porque se entrega a la familia, a su esposa e hija, a sus estudiantes, a sus pequeños pintores en los talleres abiertos que instruye y a su pasión por la pintura, pensar en alguien más. A quién?
A José Bastidas, que no descansa un solo día en buscar nuevos proyectos sociales, educativos y culturales. Al maestro que planea cada nueva exposición en base a lo que percibe de la sociedad, de las vivencias cotidianas, de sus sentimientos, de su compromiso social para remover conciencias y espíritus solidarios. Al artista, que hace un llamado urgente por medio de su pintura para que colegas, amigos, nuevos artistas nunca olviden que surgimos de un país maravilloso y solidario. Al pintor, que en cortas y contundentes palabras afirma “el arte es una destreza, un don único, un nivel superior que los hombres poseemos no solo para trascender como artistas, sino como seres humanos”.





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